martes, 22 de febrero de 2011

Café cortado

Había salido de la oficina hacía un rato y después de caminar sin mucho sentido se sentó en un café que le pareció desconocido. En el lugar había unas pocas mesas y eligió, como de costumbre, una contra la pared alejada de la ventana. De camino a la mesa agarró el diario y repasó los títulos mientras se acomodaba en la silla. “Nada nuevo” pensó al principio, hasta que vio una nota que le llamó la atención. El diario necesitaba cubrir una conflicto armado (es decir, una guerra) del otro lado del mapa y para ello solicitaba que se presentasen aspirantes para la misión. Cronistas y fotógrafos detallaba el texto. Antes de seguir con sus pensamientos, hizo un alto y pidio un cortado. “No, nada más” le dijo al mozo cuando éste le ofreció medialunas o algo para engañar el estómago.

De un segundo a otro volvió sobre lo que había leído y recordó que, hacía mucho, él había querido ser periodista de gruerra. Cronista de Guerra, si, ese era el título que el mismo se daba cuando todavía era joven y sus sueños eran más ambiciosos que ahora. Hasta una carta mandó en su momento. Si, veintipico tenía cuando deseaba eso, un casco, una lapicera y un grabador. Quizás una cámara, pero no era necesaria porque, para él, las palabras siempre fueron mejores.

El café, el agua y el cenicero. Todo junto le llevó el mozo, y otra vez lo sacó de sus pensamientos.

Cuando retomó, las dos ideas hicieron contacto por primera vez. “¿Si me presento? ¿Si largo todo y me voy? No tengo a nadie que me extrañe ni que me necesite, mi trabajo es una porquería que puede hacer cualquiera. Pero si, yo me voy, si esto es lo que yo quería hacer. Lo quise hacer siempre, desde que era un pibe y leía novelas de guerra. Sí, sí, se acabó”.

Y así pasó un largo rato sin darse cuenta de la hora. Sólo salía de su abstracción para releer la nota y ver si le daban los plazos. “Ponele que me tome una semana para dejar el trabajo y quizás dos para arreglar con la inmobiliaria”. Hacía cuenta con los dedos y todo le cerraba. Incluso pensó en sus horros, estaba medio flojo de plata, pero nada que no se pudiera solucionar.

El mozo, por tercera vez se acercó a la mesa. Le estaba por cobrar pero al ver la cara de entusiasmo no pudo aguantar preguntarle que le pasaba. Él, sin reparos, le contó al desconocido todos sus planes. Dejar todo, e irse a la guerra.

- Sí, claro- Le respondió el mozo con un dejo de ironía.

Esta respuesta, nunca supo porque, fue como un cachetazo que lo despertó y volvió a pensar en ella. Sí, ella, casi la había olvidado. “La tengo que esperar”, se dijo. Ella era una ilusión, por supuesto. Era una mujer comprometida que un día, por pura maldad, le dijo “vos esperame, que va llegar un tiempo en el que estemos juntos”.

“No puedo ir. Que tonto fui, como pude pensar todas esas pavadas y olvidarme de ella. Además tengo trabajo en la oficina y no puedo dejarlo”. Y así, mirando el piso salió por la puerta de vuelta a la calle.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Mi primer libro (?)

"Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero, por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de la sociedad"

Roberto Arlt. Prologo de Los Lanzallamas

Cuando leí esa frase no pude no sentirme identificado con las personas que describe Arlt. Peor aun, yo ni siquiera me puedo llamar a mi mismo escritor, aunque intento con escaso resultado publicar algo cada tanto. Además, y en secreto claro, de vez en cuando agrego unas líneas a esa interminable novela que empecé hace rato.

A veces siento que tengo una idea, que hasta parece buena, pero como casi siempre se dan en lugares donde no puedo escribirlas (un colectivo, mi cama por ejemplo), me digo “mejor le doy forma y después la escribo”. Eso me pasa siempre pero está claro que cuando las repaso una y otra vez me doy cuenta que no era tan brillante, ni siquiera era buena.

Pero ojo, cuando todo parece perdido leo a Gabriel García Marquez decir que una novela le puede llevar 19 años. Así que preparense, un día de estos te clavo un best seller (?)


jueves, 20 de enero de 2011

Recuerdos de un cajón viejo

Este texto lo encontré revolviendo papeles en la casa de una persona fallecida hace unos meses. A raíz de esto acompañe a una de sus hijas a sacar las fotos, los libros, y demás cosas. Lo que viene a continuación está escrito en un la parte de atrás de un sobre, como hecho a las apuradas. Son las impresiones de un joven recién salido de la Colimba. El mismo está fechado en 1983.

Mi baja del servicio militar ha sido muy reciente (12-11-83) por lo que las vivencias al respecto se encuentran muy frescas en mi memoria. Ha sido una de las peores experiencias que he sufrido en mi vida. Estuvo signado por el atropello y la mala educación en el trato de mis superiores. La negligencia, irresponsabilidad e ignorancia en cuanto a la instrucción militar que debía recibir los dos primeros meses de mi incorporación. Y por último, el período de mi destino, debí realizar funciones de mucamo de un coronel que nada condice con mi condición de soldado.Creo que todo esto ha agregado sólo un sentimiento en mi carácter: el resentimiento.

El único aspecto rescatable y que vale la pena destacar es la camaradería existente entre mis compañeros, aún en el ambiente de injusticia y prepotencia cotidiana que se vivía.

Me fue muy difícil creer lo que ocurría a mí alrededor. Mis estudios en Administración de Empresas han imbuido en mi carácter un signo netamente eficientista y que era contrariado en todo momento en el Ejercito: tiempo perdido al por mayor, desconocimiento total de las técnicas modernas (la instrucción que debía recibir se orientaba al tipo de guerra provocada en el mundo en los años ´40), dedicación de sermones completos a aprender la técnica del "desfile", etc.


domingo, 26 de diciembre de 2010

El próximo posteo

Todo el fin de semana pensando qué escribir. Si, me la pase dos días maquinando ¿Un saludo por navidad y fin de año? no, pésimo, muy trillado, además esto es un lugar de culto y no va a pegar (?). Descartado. A ver ¿y si escribo eso que tenía más o menos armado en la cabeza sobre ella? mmm tengo mis dudas, pero bueno, lo empiezo y veo cómo queda. No, muy malo, además no salió nada de lo que tenía planeado. Una idea menos. Bueno, ya fue, me voy un rato a lo de un amigo y después la sigo acá.
Ahora, me parece que ahora sale. Si tengo una idea que está bien. Nada extravagante pero bien. Si es sobre eso que quiero hacer pero que nunca lo hago, por una u otra razón. Me voy a hacer un café y lo armo. A ver, uhh mira lo que escribió este vago en twitter, ¿a ver qué es esto? ¡ahh que buen video! ¿Qué será de los pibes de LR! quedará alguno por acá? Groso, post sobre los bluffs del fútbol. Uh si, este Denilson, que ladrón ¿Las 9 ya? Me voy. Uy el post, que boludo. Bueno voy y mañana lo escribo. Aunque ahora que lo pienso, era bastante mala la idea, si si, mejor que no lo hice.

Y así se pasan gran parte de mis días.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Café y Dostoievski

-- Un cortado con dos medialunas. Gracias

Era temprano y en ese bar, en el interior de una galería, había poca gente. Un viejo café, ahora renovado y decorado con imágenes en blanco y negro. Cantantes, escritores, pintores y largo etcétera que incluía actrices y deportistas. Siempre se sentía a gusto allí. El movimiento era escaso y, al estar alejado de la calle, el ruido también era poco. Además, en aquel lugar parecían destacar el silencio. Nada de radios, nada de televisores. Quienes usaban computadoras o teléfonos parecían aceptar esto ya que intentaban ser lo más discretos posibles.

Allí estaba Salvador. De buen humor pero tranquilo, esperando su pedido. Mientras, ojea el diario, mira algo de política y algo de espectáculos, chequea la agenda para ver si alguna obra o alguna película lo convencen de salir de su casa. Nada, por lo menos hasta el momento.

Salvador conoce a casi todos. Desayuna en el mismo lugar hace más de un mes, cuando empezó a trabajar a la vuelta. Pero ese día había alguien nuevo, un tipo que no llamaba demasiado la atención. Sentado en una esquina, vestido con un pulóver oscuro y pantalón de vestir. Estaba abstraído, mirando uno de los cuadros. Salvador se distrajo un rato mirando al nuevo e imaginando posibles historias, algunas más posibles que otras. Primero fantaseó un poco por relatos totalmente inverosímiles. En seguida, cayó en uno de los tantos personajes de Dostoievski, discretos, mediocres, para nada relevantes, un antihéroe. O un burócrata, que es lo mismo. Un administrativo, de esos que acá, en la ciudad, proliferan.

A pesar de esta carga negativa que Salvador le dio al desconocido, sintió que algo lo unía a él. En realidad lo unía al personaje que el había creado. Pudo ser el libro que tenía en las manos (del que no llegó a leer el título) o quizás el cortado con dos medialunas. Tal vez, y esto fue algo que lo angustió momentáneamente, lo que se relacionaba entre ellos era su falta de protagonismo. Él sabía que jamás fue indispensable y que tampoco lo sería. A menos que pase algo demasiado extraño, lo cual estaba claro que no iba a suceder.

-- Su pedido señor.

La llegada del mozo lo sacó de sus pensamientos. Miró el reloj, todavía faltaban unos quince minutos para su entrada.

El hombre de la esquina se paró y se fue. Salvador se quedó pensando un momento más. En él, en ellos y en su café con medialunas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Se viene

Algún día lo haré, sin dudas. No se cuando, pero lo a hacer. Juro que un día de estos me loqueo y lo hago. No se preocupen, llegado el momento se van a enterar, de alguna u otra manera.
¿Que qué es lo que voy a hacer? No, bueno, eso no se los puedo decir. Dejemoslo ahí, mientras, yo lo voy pensando y planificando.
¿Que por qué? Ahí me mataron. No tengo idea. Supongo que porque todos tenemos que hacer algo importante antes de morir, ¿o no? y tampoco te vas a creer que un título universitario es tan relevante. No, para nada.
La cosa pasa por otro lado. ¿Por dónde pasa? mmm no tengo muchas certezas, pero por acá seguro que no.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Pensamientos antes de dormir: Renacer

Escribo estas líneas con una mano en el teclado y en la otra una pistola. Escribo y pienso. También lloro, un poco, no demasiado porque esa etapa ya pasó. Miro al costado, ahí en mi mano el arma. Me rasco la sien con ella y me quedo un rato quieto. Recuerdo lo que fui y reafirmo la decisión tomada. Pienso en las oportunidades, infinitas, desaprovechadas. Pienso en las humillaciones, miles que forman una pesada carga que ya no quiero sostener. Quiero echar culpas pero no hay nadie, y en el fondo lo se. Soy yo y sólo yo el que debe cargar con todo esto.
Me detengo en lo que ya no seré.
Claro que la pistola no es de verdad. Es sólo un símbolo formado por mis dedos. Quien muere hoy será el personaje, la mascara. Esa que empezó como tal pero, se pegó de tal manera, que se confunde con la piel. Quedan muchas cosas por decir, pero es tal la congoja que prefiero callar y enterrarlas en silencio.
Porque el de hoy no será un suicidio real, o quizás si, quizás sea el más real de todos.